El año que todo cambió

|Pira Pita
El año que todo cambió

x Ignacia Marambio 

 

Llegué a una edad en la que hay veces que me quedo mirando el techo y me pongo a pensar:
¿Estoy improvisando… o de verdad esta es la vida de adulta? 
 Y bueno, creo que llegué a la conclusión de que estoy improvisando. Pero aunque suene muy loco, me está resultando.

Me fui a Australia con un plan que tenía muy claro: estar fuera seis meses, vivir la experiencia, viajar a lugares que imaginaba inalcanzables, aprender inglés y volver.
Y mi plan cambió, extendí la visa, me quedé un año y tres meses, trabajé limpiando piezas de hoteles, conocí muchos lugares de australia, me hice un grupo de amigos de 23 chilenos que se volvieron familia, viajé al sudeste, crecí, me desordené, me reencontré, me perdí y me encontré de nuevo. Y no me cae duda que fue uno de los capítulos más bonitos y más transformadores de toda mi vida!!

Y cuando mi vida estaba un poco más tranquila… me tocó vivir algo que jamás estuvo en mis planes.
A mi mamá le encontraron un cáncer avanzado.
Ahí todo cambió completamente.
Volví en a fines de mayo porque aunque Australia me estaba dando muchísimo, necesitaba estar aquí con mi familia, y agradezco infinito haber tenido la oportunidad de aprovechar a mi mamá hasta el 9 de febrero, día en que se fue.

Lamentablemente no hay una forma simple de decirlo: cuando tu mamá se va, todo tu mundo mundo cambia para siempre. Hay un antes y un después, y uno aprende con muchos tropiezos a seguir viviendo con ese vacío… que la verdad no se llena con nada, pero que con el tiempo poco a poco se va volviendo parte de uno.

No hay manual.
No hay preparación.
No hay cómo seguir.

Solo se sigue respirando, afirmándome de las pequeñas cosas, de mi gente querida que adoro con el alma, de las risas que te van salvando, y de la enorme certeza de saber que sigue al lado mío aunque ya no esté físicamente.

Y entre duelo, trabajo, mucho desorden emocional y tratar de no parecer un desastre, descubrí algo muy valioso:
soy muchísimo más fuerte de lo que creía.
Porque la vida no me paró: con todo ese caos me meti a trabajar en un estudio de marketing, me cambié de pega, me metí en una multinacional, trabajo con gente increíble, he armado grandes proyectos, conecté con áreas, resolví incendios, hice muchas presentaciones, y me fui dando cuenta de que la adultez es básicamente un juego muy largo de poker: cara seria para fuera y pura improvisación por dentro.

En lo personal… ahí la teleserie nunca falla.
Un acuario que no me pesca, un escorpio que confunde, un sagitario que es igual a mí, un aries muy intenso… de verdad que esa parte de mi vida podría ser un documental de Netflix, pero cada historia, las buenas y las no tan buenas, me ha enseñado a elegirme siempre un poco más, a entender lo que quiero y, a veces, lo que definitivamente NO quiero.

Hoy sigo sin tener la vida resuelta.
Pero tengo muy claro esto:

– sobreviví un duelo que me rompió en 2.
– me atreví a irme al otro lado del mundo.
– construí una carrera sola.
– me he reinventado varias veces.

y aquí sigo, avanzando, incluso cuando siento que no sé cómo.

Y para mí eso también es crecer.
A veces linda, a veces con ojeras, a veces llorando, a veces comiendo papas fritas.
Pero crecer al fin y al cabo.

Porque aunque no tengamos el mapa entero, igual vamos encontrando el camino.
Y de verdad que lo estamos haciendo muchísimo mejor de lo que creemos.